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lavoZOval

poesía de Gabriel G. Serrato

fuego

 

quemamos tu cuerpo

una mañana

el sol

salió

como todos los días

y los carros y los

ojos

humeantes

giraron la perilla

 de la conciencia

 

los perros caminaban

cabizbajos

por el peso de estar

 buscándose

entre el humor

del mundo

así como nosotros

 

era indispensable verte

antes de

lanzarte al fuego

aunque estuvieras así

piedra horizontal

cuyo sol apenas levantaría

la llama

 

era necesario

 

te vi y

eras y no eras

papá

allí como siempre

de traje

serio

presente en tus nupcias

definitivas

(no lo dije yo,

lo sabes)

y hubo una cierta

confusión

porque en esas citas

ciegas

de los muertos

todos estamos ausentes

menos el

cuerpo

 

alrededor

un puñado

de gente

(dicen que la medida

del puño es

la del corazón)

 

personas que nunca había

visto

aparecían

desaparecían

flotando como

fantasmas

precipitando el cementerio

o fabricando el molde

de la memoria

 

alfareros anónimos

de tu salmo

 

tu historia caminaba

por el cuarto

y yo apenas la veía

fumando

o bebiendo café

limpiándome

de la cara

el hecho de haberte

cargado

inerte

a través de tu casa

cuidando los pasos

para no herir

tu piel lunar

 

todavía levantas a tu mujer

de madrugada

y tu calor se confunde

con el de la cocina

y el peso de tu

cuerpo

a veces pareciera

hundir

todas nuestras tardes

 

se escuchan tus

cantos

todas tus voces posibles

que ahora eres

 

hablas a través

del crujir de las ventanas

de los escarabajos del

jardín

de la fruta seca

de la mesa

 

aprendemos tu nuevo

lenguaje

y todo avanza

todavía

sin ti

Fotografía/Instalación: Sandy Skoglund

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presas

se iban las imágenes

volando

revoloteando sobre

la cámara de luz

como pájaro de aire

coagulado

 

sin descanso los ojos

sin descanso los ojos

del tiempo

y toda tú alrededor

como un fuego

 

pero no

no estás

ni estoy en

ningún lugar

solamente es la memoria

si es que existe

 

las manos

se forman como redes

y caigo inevitablemente

presa

 

me prendo de la carnada

y la sangre corre

 

no hay nada

repito

sólo la memoria

(que no existe)

 

recordarte es únicamente

eso

un momento

 

la memoria no es

la memoria habita una

huella

y la huella está

hundida

entre nosotros

 

se ve a la distancia

y aún el ciego la

palpa

 

sé que no sobreviven

los silencios

aunque nada se sabe

sépanlo

Pintura: Vania Comoretti, Rotazione

ancla

un ancla

reposa en el lenguaje

y se levanta

con sólo tu silencio

 

se filtra

entre las capas

de los susurros

y del instante

 

hablas entre la noche

esbelta

de los monosílabos

y el buque zarpa

de esa costa

donde chocan

transparentes las palabras

 

confusión y al mismo tiempo

la certeza

 

podemos balbucear

y de allí saldrían

las frases que horadan

que tocan lo impalpable

las venas de esa piel

funicular de las historias

que se entretejen

 

esto se explica solo:

el hundimiento

de un pedazo de

metal

sobre una capa suave

e infinita

de arena

Pintura: Eric Zener

extremidades

lo verdadero es indefinible

 

se pronuncian las cosas

se tocan las palabras

y caen y se levantan

todas las dudas

creando una sinfonía de vivos

y de muertos

donde germinan

y se dan blancos

y negros

y milagrosos azules

 

dudas que son muñones que

intentan detenernos

abrazarnos por cuestiones

del olvido

 

eres mi muñón o

mi extremidad perdida

 

te nombro y a la vez

no sale palabra

tus manos siguen vivas

y a la vez

un espacio

se forma a mi lado

y se infla e incómoda

 

eres tú o son las palabras

al tocarte toco tu significado

eres tú

la palabra

 

al tocarte toco tu pasado

y eres a la vez la niña que cae

y la mujer que se levanta

 

palabra

 

las palabras caen

y se levantan

y son otras

eres otra ahora

y eres a la vez la misma

y yo soy otro

contigo

y otro cuando me nombras

así como las cosas

cuando se nombran

así cuando se ocultan

en su obviedad

 

el paraíso es aquél

laberinto

donde nadie ha salido

a pesar de la falta

 

somos así

la palabra

 

y cerramos

y abrimos compuertas

y crecemos abetos de

nombres y

recuerdos que

son en realidad lo que jamás

llegamos a ser

 

pronunciarse o callar

Pintura: David Jon Kassan, Untitled

inercia

nosotros
sentados en el filo
de las escaleras
y el universo extendiéndose
sin tregua

ves con tus ojos diluidos
en una acuarela
el desorden que nos une
debajo del cosmos

te esfuerzas en sostenernos
en sostener nuestro
corazón
y el unicel que envuelve
nuestra vida
improvisada

te esfuerzas

y aunque duermas
en el día
no hay descanso

tímido
todo se expande
se separa

Pintura: Dirk Skreber, It rocks us so hard ho ho ho

invertebrados

nada nos sostiene:

el magnetismo

la mueca invisible

se han ido

 

nada nos une:

ni la materia

ni el vacío que se

forma en el estómago

en el pulmón al

asomarse a ese acantilado

rocoso

del amor

 

no hay remanentes

ni restos

ni huellas

no hay ni el imán

ni el acero

nada

 

tú y yo hemos

muerto

 

sólo hay de nosotros

pequeñas

nostalgias

imágenes cada

vez

más

diminutas

en el horizonte de la

memoria

 

digo regresa

digo vuelve

y nada nos

sostiene

 

Pintura: Alyssa Monks, Still life

madera

no hay casualidad:

es azar es un pájaro

que no se mueve

que pasa

y agita sus alas

y estático hace profundos agujeros en

la corteza

la corteza

 

llegan las apuestas

sobre la mesa

hecha de esa madera

corrompida

y se tiran los dados frenéticamente

y se colocan las

fichas

en lo iluso

en lo que creemos

y ganamos sí

después de interminables

pérdidas

desilusiones

Pintura: Pakayla Biehn, It is this way between us

conjugación

desvanece el tiempo

y en el jardín florece

tu cuerpo iridiscente

 

tu muerte te sienta bien

las cuencas azules de tus

ojos

como lagos gélidos

reúnen criaturas marinas

que no conocemos

 

la picadura de la camisa

nos dice que la tarde

ha inflado su sol

y que comienza a escupir

su helio

la tarde cae

todos estamos

 cayendo

Pintura: The Yerres, Rain, Gustave Caillebotte

tejido

los pasos tejieron
tu destino

los pasos perdidos
dando vuelta
y vuelta
en el laberinto
sin ninguna señal
más que la mala suerte

y a pesar de ello
avanzas
como un dardo punzante
que en la punta
guarece un veneno agrio
y seco
como tu carne

no hay necedad
más necia
que la del tejedor

Pintura: Vortex, Gregory Thielker

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